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O recibía una certificación de pensum cerrado esa semana o tendría que espera seis meses más para graduarme.

Recién graduado del colegio a punto de cumplir los 18 años, me fui a estudiar Biblia al Instituto Bíblico Christ For the Nations, en Dallas, Texas. Un período de aprendizaje fantástico, viviendo como internado junto a más de 1,200 alumnos y estudiando el programa de dos años que ofrecían en ese entonces.

Tuve una beca trabajo. Trabajaba a cambio de estudiar gratis. Mis papás me pagaron el hospedaje, la alimentación y mis libros. Trabajé como sonidista un semestre, pero pedí mi traslado a la Biblioteca. Lugar en el que trabajé el resto del tiempo y en donde verdaderamente aprendí a leer y a trabajar. Allí autorizaba los libros que sacaban los alumnos, cobraba y sacaba fotocopias, cobraba moras, hacía mi cuadre diario, ordenaba los libros de acuerdo a su código y mucho más…

Al regresar a Guatemala, no me quedé de brazos cruzados. Sabía que debía prepararme profesionalmente. Siempre me ha apasionado el liderazgo y la administración. Así que enero de 1997, comencé a estudiar en Guatemala una Licenciatura en Informática y Administración de Negocios. Mis amigos del colegio ya estaban en tercer año y yo en el primero, pero sabía que debía estudiar.

Ya había cerrado la licenciatura y me faltaba un requisito para graduarme, la certificación de cierre de pensum que debía entregar o no me graduaba en el mes de noviembre sino en el mes de mayo del siguiente año. Ya estábamos en el año 2002. Aixa estaba embarazada de nuestra primera hija Ana Isabel y quería graduarme antes de su nacimiento.

Todas mis ilusiones se desvanecieron, cuando llegue a la oficina de control académico de la universidad y me dijeron: “Con gusto. Se la tenemos lista en tres semanas”. ¡En tres semanas no me servía para nada! Salí de la oficina desilusionado luego de haber pagado el trámite, pero pronto me recordé, que uno de mis amigos de la iglesia, era ahora el jefe de la oficina de control académico.

Pregunté y corrí a su oficina – la cual no conocía –, desde afuera lo saludé, me pasó adelante y le conté rápidamente mi situación. Levantó el teléfono, hizo una llamada y pidió que me buscaran en el sistema. Salió de la oficina y me dijo: listo. Ya la están preparando. Entraron a su oficina, firmó los documentos y listo. Podía graduarme en noviembre del 2002. Le di un abrazo que expresaba mi agradecimiento y lo demás es historia.

Pero mi hija me ganó por dos días. Ana Isabel nació el jueves 7 de noviembre y yo me gradué como licenciado, el sábado 9 de noviembre del 2002. No hubo almuerzo de celebración, ni nada por el estilo. Mi familia y mis amigos, luego de darme el abrazo y de las respectivas fotos, salieron de la universidad a sus compromisos y otros, directo al hospital a conocer a mi hija, la primera nieta de mis papás. Cuando llegué yo, ya no había ninguno.

Almorcé sólo en la cafetería del hospital, pero con una satisfacción interna muy grande, de haber alcanzado ese logro que me había propuesto. Ya trabajaba, por lo que pude tener satisfacción de pagarme la universidad y de alcanzar ese sueño.

Yendo de regreso a la casa esa noche, pasé comprando para llevar, un plato de carne asada en un restaurante muy conocido en Guatemala, en donde los dueños son argentinos, La Media Cancha. Ese fue el regalo que me hice esa noche. Antes de cenar le di gracias a Dios por su provisión, el privilegio de estudiar y graduarme y, por último, por mi amigo. Gracias a él, me gradué en noviembre y no 6 meses después.

Increíble, una llamada me había permitido graduarme. Se ha puesto a pensar en ¿El poder de una llamada?

Una llamada no sólo abre puertas, cambia vidas. No me refiero a una llamada de influencia como la que gracias a Dios pude tener, en mi amigo. Sino una llamada que no busca nada para nosotros, sino todo para el otro.

Son esas llamadas cuya única agenda es ver cómo está la otra persona, profundizar en la relación y ponerse a disposición del otro para lo que necesite. Ya sea brindar apoyo u oración para lo que necesite.

Durante este tiempo de pandemia, hemos alentado a nuestro liderazgo principal en La Fráter, a realizar como mínimo 5 llamadas al día. Cinco llamadas que no duran 50 minutos entre todas. Sino que, en ocasiones, las mismas se extienden hasta por 4 horas. ¿Por qué? Porque casi nadie llama a menos que necesite algo.

Sólo el día viernes pasado, hablé con un amigo por 56 minutos. Sus palabras fueron: en mi vida había hablado tanto tiempo con vos. No es un amigo de mi edad, me lleva entre 10 y 15 años de edad, pero ambos tenemos el privilegio de servir en La Fráter.

Siempre que hacemos una llamada, la otra persona rápidamente después de saludarnos, nos pregunta ¿En qué puedo servirte? Porque casi siempre, las llamadas son porque quien llama, necesita algo del otro. Cuando usted les dice que no es por nada, sino sólo para ver cómo están, todo cambia.

Casi siempre llamamos a otras personas porque necesitamos algo de ellas. Pero hay llamadas que debemos aprender a hacer a diario, que tienen un propósito muy diferente. Clic para tuitear

Las preguntas tienen tanto poder. Las preguntas que suelo hacer buscan que no respondan con un sí o no o bien o mal, sino que abran el diálogo. Esas son las preguntas que usted puede hacer. Algunas que preguntas hago son: ¿Qué ha sido de tu vida en estos días?, ¿Qué ha sido lo más difícil que has enfrentado estos días?, ¿Cómo está el trabajo o la empresa?, ¿Qué ha sido de tu pareja?, ¿Qué ha sido de tus hijos?, ¿Cómo está…? Y agrego algo que conozco profundamente de la persona: parientes, amigos, mascotas, hobbies, célula, etc. Y siempre termino o comienzo con ¿En qué situaciones puedo apoyarte en oración?

Cuando las personas no se abren, yo abro mi corazón y les cuento genuinamente cómo estoy, qué está pasando en mi vida, que libros estoy leyendo o recuerdo algo que hicimos en el pasado que nos marcó a ambos. Casi siempre, abren su corazón, compartimos y muchas cosas más suceden para el bien de ellos e incluso el mío.

Como cristianos somos llamados a ser guardas de nuestros hermanos. Caín le respondió a Dios cuando le preguntó por su hermano, luego de haber matado a Abel: “¿Acaso soy guarda de mi hermano?”. Eso debemos ser, guardas de sus vidas espirituales, guardas de sus corazones, guardas de sus pensamientos y guardas de sus sentimientos.

Una llamada con un corazón genuino a personas que amamos con todo el corazón, tiene el potencial de desencadenar transformaciones poderosas y pláticas profundas de los temas que casi nunca se tocan. Tocamos temas de actividad, planificación, reuniones. Pero mucho menos, los temas del corazón y profundos del alma, que deben ser tratados para que Cristo sea formado en nuestras vidas.

Más aún, ahora en medio de esta pandemia, todos debemos tomar el teléfono y hacer llamadas. Llamadas para conectar, para amar, para animar, para orar, para aconsejar y para exhortar. Nos necesitamos unos a otros para ayudarnos a vivir la vida, a vivir en santidad y para corregirnos mutuamente.

Este amigo en una oficina de la universidad, me echó una gran mano cuando me ayudó. Pero usted y yo podemos echarle una gran mano a otros, cuando los llamamos, sin una agenda en concreto, más que por el gusto de crecer en comunión y estar ahí para ellos, para ser los amigos que están en las buenas y en las malas. Los que animan y corrigen, los que escuchan y a veces, tan sólo pueden llorar, mientras el otro también llora. ¿A quiénes llamará hoy? Y ¿Cuántas llamadas se propondrá por día?

Todos debemos tomar el teléfono y hacer llamadas. Llamadas para conectar, para amar, para animar, para orar, para aconsejar y para exhortar. Nos necesitamos unos a otros para ayudarnos a vivir la vida y vivirla en santidad. Clic para tuitear

Termino con esto. Sus llamadas a veces no podrán salvar a otro de lo que usted quisiera salvarlos. Pero sí, le mostrarán a otro cuanto lo ama. Mi llamada no pudo salvar ese matrimonio. La persona estaba dura, molesta por mi llamada al ser confrontado en amor por su pecado y al llamarlo al arrepentimiento. Al final, sin respuesta positiva o apertura a lo que Dios manda de nosotros en su palabra sólo le dije, permitíme orar por vos.

Estaba caminando en el jardín del condominio y sólo pude decir las primeras palabras en mi oración antes de comenzar a llorar como niño: “Señor Jesús te pido por…”. Y lloré como si un ser querido demasiado cercano se hubiera muerto. Me tuve que agarrar de un juego para niños, para sostenerme y no caer al suelo.

Llore lo que pareció más de un minuto, triste y dolido por el corazón duro de mi amigo. Y por lo imposible al no ver un arrepentimiento en mi amigo. Pero del otro lado, mientras lloraba, escuchaba el gemir y el lloro de él. No se dio el resultado que esperaba, pero, aunque sabe que no comparto la decisión equivocada que tomó, sabe que lo quiero en el Señor y que estoy para él. Sigo orando porque Jesús sea su todo hoy y siempre y en todo.

Alguien espera su llamada hoy…

“Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.” La Biblia en Gálatas 6:2

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A veces, vemos a los discípulos como que si cuando sudaran, sudaran agua bendita. Pero qué lejos estamos. Ellos también fueron pecadores, que necesitaron y encontraron al Salvador Jesús.

“—Te aseguro —le contestó Jesús— que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces. —Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro—, jamás te negaré. Y los demás discípulos dijeron lo mismo.” La Biblia en Mateo 26:34 y 35

“Y de inmediato dijo a la turba: —¿Acaso soy un bandido, para que vengan con espadas y palos a arrestarme? Todos los días me sentaba a enseñar en el templo, y no me prendieron. 56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.” La Biblia en Mateo 26:55 y 56

De Pedro se habla tanto, pero ¿Y de los demás discípulos? Es cierto que Pedro le negó tres veces. Pero vemos que, en el Jardín del Getsemaní, al momento del arresto, todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron. Y todos habían prometido lo mismo que Pedro.

Hoy en Guatemala, a este sábado se le conoce como Sábado de Gloria. Pero de gloria, no tiene nada. Es más, un sábado de lamentación. Se imagina las conversaciones de los discípulos. Si no conversaban, sólo las miradas que se hacían unos a otros, eran suficientes para hablar. Hablaban de derrota, ninguna mirada hablaba de la esperanza de la resurrección. Hablaban de condenación.

Pero llegaría el domingo y la esperanza surgiría. Jesús había resucitado y lo creían. Ahora tenían la esperanza ¿De pedirle perdón? O ¿Cuál era su esperanza ahora que sabían que había resucitado?

¿Qué hace Jesús la primera vez que ya resucitado se les aparece a sus discípulos? Ni siquiera les recuerda que lo abandonaron, ni siquiera le echa en cara a Pedro el haberlo negado. Ellos lo habían estado haciendo constantemente. No necesitaban más juicio que al que ellos solos se habían metido, necesitaban gracia, misericordia, perdón y ser comisionados para predicar esta misma gracia.

Al aparecérseles, lo único que les dice es: “La paz sea con ustedes” y se los dice. Primero como saludo y luego, de nuevo. Eso es lo que Jesús anhela, nuestra paz con Dios por medio de él. Una paz que nos lleva a predicar del dador de esa paz. Porque luego, fueron comisionados a seguir predicando y dieron su vida por causa de Cristo. Jamás volvieron a abandonarlo.

“Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. —¡La paz sea con ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. —¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo: —Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados.” Juan 20:19-23

Jesús es nuestra paz. Después de cada sábado no de gloria, sino de lamentación por el pecado y de arrepentimiento genuino, viene un domingo de resurrección. En donde escuchamos las palabras de Jesús: “La paz sea con ustedes”.

Jesús es nuestra paz. Después de cada sábado no de gloria, sino de lamentación por el pecado y de arrepentimiento genuino, viene un domingo de resurrección. En donde escuchamos las palabras de Jesús: “La paz sea con ustedes”. Clic para tuitear

Jesús es nuestra paz con Dios. Su sacrificio pagó el precio por nuestros pecados y la consecuencia ante Dios por nuestros pecados.

Jesús tomó nuestro lugar en la cruz. El justo por los injustos. El intercambió lugar con nosotros. Tomó nuestra condena y nos proveyó el único medio para que Dios nos impartiera su justicia por la fe y no por las obras.

¿Está viviendo en un sábado de lamentación por el pecado? No sólo se lamente, llegue al arrepentimiento. Judas se lamentó, reconoció su pecado y fue y se ahorcó. Pedro se lamentó, reconoció su pecado y abrazó la gracia de Dios en Jesús cuando les dijo: “La paz sea con ustedes”.

Y no sólo Pedro le negó… Todos lo abandonaron, pero posteriormente fueron restaurados. Jesús no murió por “los buenos”, porque ante él, sólo existen pecadores, pues ninguno hemos podido cumplir con sus mandamientos.

Y estos hombres que un día abandonaron a Jesús, se convirtieron en fieles predicadores de la verdad. Fieles predicadores del evangelio de Dios, del evangelio de Jesucristo, del mensaje de paz. Paz para todo el que cree, se arrepiente, confiesa sus pecados y vive para glorificar a Dios.

¿Está en un sábado como el de Pedro y los demás discípulos en plena lamentación? Arrepiéntase de sus pecados, confiéselos y venga a Jesús para escuchar las palabras “La paz sea con ustedes”.

¿Está en un sábado como el de Pedro y los demás discípulos en plena lamentación? Arrepiéntase de sus pecados, confiéselos y venga a Jesús para escuchar las palabras “La paz sea con ustedes”. Clic para tuitear

Porque en Jesús, después de un sábado de lamentación, siempre viene un domingo de resurrección. “A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no solo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.” La Biblia en Romanos 5:6-11

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Imagínese dormirse esta noche y nunca más despertar. Usted se acuesta como que si nada, pero nunca más vuelve a despertar. Y llega a morir hasta los 92 años.

Una enfermera lo observa durante 24 horas. Las siguientes 24 horas es otra. Ellas notan algo, en su sueño del que no despierta, usted a veces sonríe, llora o muestra rostro de asombro, pero no despierta.

Usted está perdido en usted. Perdido en sus sueños personales. Tanto así, que, aunque está vivo, no vive más que para usted y sus sueños.

Aunque en sus sueños usted sonríe, llora o muestra de pronto un rostro de asombro, su familia lo extraña. Está tan cerca, pero a la vez tan lejos. Lo tienen allí, pero no lo tienen con ellos.

Es probable que usted hasta hoy no haya despertado. Y siga perdido en sus sueños, en sus metas, en sus pensamientos. Que ni siquiera se ha dado cuenta, que su familia lo extraña.

Aunque está ahí, no está con ellos. Aunque usted cree amarlos y puede enumerar muchos actos de amor, sus pocos, pero dañinos errores, han marchitado el corazón de los suyos.

Es probable que usted hasta hoy no haya despertado. No haya despertado a la realidad de su fragilidad. Un virus microscópico nos tiene de rodillas al mundo entero. Y a todos, refundidos en nuestras casas. Pero podemos seguir durmiendo ante el llamado de Dios. Qué gran error.

Dios es amor. Pero su amor manifiesto en la gracia y misericordia de Jesús, que nos libra de la ira santa de Dios, tiene fecha de expiración. Ese amor disponible hacia usted, expira el día de su muerte o el día en que Jesús regrese por su iglesia, cuando ya no vendrá como Salvador sino como Juez. Hoy puede ser su abogado ante Dios.

Muchos viven como si fuéramos dioses. Con los armamentos más poderosos, la tecnología digital más impresionante y de rodillas ante un virus microscópico. Un virus que ha causado mucho dolor, temor y pérdidas. Ni las personalidades se han librado y ya muchos la historia de fatal de algo microscópico. Este virus nos demuestra que no somos dioses, somos simples mortales.

Pero ninguno de esos dolores, temores y pérdidas, se comparan al vivir dormido ante un Dios que grita, arrepiéntete. Aquí estoy. No debes hacer nada sino creer. Creer que yo soy santo y que no tolero el pecado. Y que el que no es conmigo, contra mí es. Y que el que no es mi amigo, mi enemigo es.

Creer que Yo soy fuego consumidor. Más infernal que aquellos incendios de California. Pero yo también soy un silbo apacible. Yo también soy todo ternura. Mi mayor placer es amar. Y no me complace la muerte del malvado, sino más bien quiero que se arrepienta de su conducta y viva.

Creo que yo también he estado dormido a mi esposa y a mis hijos. No que no los ame, no que no les dedique tiempo, no que no esté presente. Y es que lo que más importa no es como me siento yo, sino cómo se sienten ellos. Aunque los ame del tamaño del universo, pero con mis palabras impulsivas y no pensantes hiera sus corazones si quiera una vez, estoy dormido para ellos. Y no ha sido sólo una.

Estos días de dolor y temor alrededor del mundo, han sido como una alarma erróneamente colocada a las 3 de la mañana en un día de asueto. Que me sacude en la incomodidad de despertar tan temprano. Y para darme cuenta que parar no es necesario, es obligatorio.

Estos días de dolor alrededor del mundo, han sido como una alarma erróneamente colocada a las 3 de la mañana en un día de asueto. Que me sacude de mi sueño, para darme cuenta que parar no es necesario, es obligatorio. Clic para tuitear

Y quiero despertar. Quiero despertar para ellos. Son mi regalo más precioso y cercano. Y quiero que Dios me use para despertar a otros. Despertarlos para sus familias, para que vean lo que no han visto, sientan lo que no han sentido y puedan pedir perdón a lo que creen que no han ofendido y puedan despertar, para no sólo estar ahí, sino estar con ellos amando como Dios ama y escuchando, siendo papá, mamá, hermano, hermana, hijo, mentor y no viviendo a la carrera con los más cercanos.

Estoy cansado de ver tanto Facebook Live, de corazones bien intencionados, hablando que nada malo tocará a los hijos de Dios. Si Jesús dijo que en este mundo habrían aflicciones, por qué se les olvida ese pasaje bíblico. No dijo aflicción, dijo aflicciones. Porque lo que este Coronavirus no será la última.

Estoy cansado de ver tanto Facebook Live, de personas que enseñan lo que hoy ante esta crisis, no funciona y es más, suena a una parodia del cristianismo. Hoy muy pocos cosecharán prosperidad, la mayoría perderán y será duro. Pero la fe no se prueba en los buenos momentos, la fe se prueba en los malos.

Estoy cansado de ver tanto Facebook Live, de personas que enseñan lo que hoy ante esta crisis, no funciona y es más, suena a una parodia del cristianismo. Hoy muy pocos cosecharán prosperidad, la mayoría perderán y será duro. Clic para tuitear La fe no se prueba en los buenos momentos, la fe se prueba en los malos. Los fieles, son aquellos que, con lágrimas en sus ojos, enfrentan los dolores más profundos de esta tierra, de rodillas, pero con la mirada al cielo Clic para tuitear

Los fieles, son aquellos que, con lágrimas en sus ojos, enfrentan los dolores más profundos de esta tierra, de rodillas, pero con la mirada al cielo como Esteban, ese diácono en el libro de Hechos, que murió apedreado, pero que antes de morir, fijó su mirad en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios.

La vida cristiana no se trata de cuentas bancarias llenas, sino de vidas vacías de pecado. La vida cristiana no se trata de la victoria ante toda guerra, sino de la fidelidad ante las “batallas perdidas” en este mundo como la quiebra, la enfermedad o la muerte.

La vida cristiana no se trata de cuentas bancarias llenas, sino de vidas vacías de pecado. La vida cristiana no se trata de la victoria ante toda guerra, sino de la fidelidad a Dios ante las “batallas perdidas” en este mundo Clic para tuitear

El cristiano que muere por las complicaciones del Coronavirus, no es un derrotado. Si muere con la fe puesta en el invisible, le espera una corona en el cielo que Dios otorga al que entra sin hacer nada, porque él lo hizo todo y el que por fe recibe lo que hizo, lo manifiesta en la obediencia del todo de él. No por temor sino por amor. Pero si seguimos durmiendo, no veremos lo que Dios hizo, no entenderemos.

La vida cristiana no es el cielo en la tierra. Sino comprender que esta tierra desde que Adán y Eva pecaron, está destinada a la destrucción. Porque Dios nos tiene preparada un cielo nuevo y una tierra nueva en donde el reinará con justicia. Donde no hay sol, porque él ilumina con su gloria.

En esa ciudad de paz, no con pensamientos como los que hoy tenemos, ni con un cuerpo como el que hoy tenemos, viviremos para siempre bajo el reinado de la justicia y rectitud. El nuevo y verdadero jardín del Edén cara a cara con Dios.

El apóstol Pablo decía, que para mí el vivir era Cristo y el morir ganancia. No estaba loco, estaba más cuerdo que nosotros. El evangelio que antes perseguía, ahora lo proclamaba. Un encuentro con el Jesús resucitado camino a Damasco, lo despertó de su sueño. Para vivir el verdadero. El prefería estar muerto en la gloria, porque le había visto, sabía lo que venía.

El apóstol Pablo decía, que para mí el vivir era Cristo y el morir ganancia. No estaba loco. El evangelio que perseguía, ahora proclamaba. Un encuentro con el Jesús ya resucitado, lo despertó de su sueño. Para vivir el verdadero. Clic para tuitear

Por eso inspirado por el Espíritu Santo pudo escribir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Porque tuviera mucho para comer o pasara hambre, su fe permanecería. Porque tuviera mucho dinero o tuviera la billetera vacía, su fe permanecería. Porque en cualquier situación en la que estuviera, estaría satisfecho. Eso es despertar a la plenitud de Dios. En esa plenitud deseo desvelarme hasta el día de mi muerte.

Despertemos. Despertemos a la gloria de Dios, despertemos a la gloria de la familia. Fue por medio de una familia que Dios salvó a la humanidad durante el diluvio. Noé, su esposa y sus tres hijos con sus esposas, entraron al arca. Noé no vivió su sueño, vivió en el sueño de Dios y sus sueños fueron interrumpidos. Su obediencia y fe en el Todopoderoso, le salvó a él y a su familia.

Que Jesús sea nuestra arca. Que nos libra del diluvio de nuestra pecaminosidad. En donde no hacemos nada sino responder a su llamado y ser empoderados para obedecer. En donde no corremos a darle respiración boca a boca, al viejo yo como muchas veces lo hemos hecho amando este mundo. Porque Dios ya construyó en Jesús, esa arca en la cruz. Y los pecados que nos tenían atados, recibieron perdón y las cuerdas cayeron al suelo. No corramos a recoger las cuerdas cortadas del pecado de las que hemos sido liberados. Amemos no por interés sino por gratitud. No con la cabeza, sino también con el corazón.

Que Jesús sea nuestra arca. Que nos libra del diluvio de nuestra pecaminosidad. En donde no hacemos nada sino responder a su llamado y ser empoderados para obedecer. Clic para tuitear

Yo quiero despertar a la gloria de Dios, a la gloria de la familia en él y a la gloria de la familia espiritual y de mi prójimo en él. Oro porque Dios me muestre lo malo que soy y que todavía tengo y que pueda de rodillas cada mañana decirle: “Nunca más me dejes volver a dormir”. Ni ante ti, ni ante familia, ni ante mi llamado en ti.

La iglesia no puede volver a ser la misma cuando nos volvamos a reunir. No podemos olvidar lo que hoy vivimos. No lo tengo todo resuelto, pero sé que la iglesia de Cristo proclama a Cristo. Cuando de pronto se cierran los templos, es un recordatorio majestuoso, que lo que más importa, no son ellos, sino lo que se reúne dentro de ellos, para quién lo hace y a quién y para qué proclama.

No corramos a darle respiración boca a boca, al viejo yo, como muchas veces lo hemos hecho amando este mundo. Porque Dios ya construyó en Jesús, esa arca en la cruz. Somos una nueva creación, vivamos en ella. Clic para tuitear

No quiero volver a dormirme. Y por favor Padre mío, despierta al que está leyendo estas líneas. Muéstrale a qué duerme y a qué debe despertar. Para que todos vivamos despiertos para ti, aunque durmamos para siempre por este ingrato y microscópico Coronavirus.

No quiero volver a dormirme. Y por favor Padre mío, despierta al que está leyendo estas líneas. Muéstrale a qué duerme y a qué debe despertar. Para que todos vivamos despiertos para ti, aunque durmamos para siempre por este ingrato… Clic para tuitear

Despierte…

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Hoy quiero hablarle sobre tres cosas.

Estamos Lejos y esto presenta distintas dificultades
El Coronavirus lo ha cambiado todo. Muchas personas en sus casas y en cuarentena. Físicamente estamos lejos unos de otros. Este distanciamiento social no es algo motivado por la frialdad, habla de amor. Es un tiempo para proteger a los más vulnerables – nuestros mayores y las personas con su sistema inmune comprometido -, que sí morirán si se contagian. Entre ellos pueden estar sus papás, sus abuelitos, sus conocidos o los de otros.

Aunque ninguno esté contagiado, en medio de esta cuarentena hay dificultades. Mi esposa le llevó a su papá, un hombre de 74 años de edad, comida, ya que no le entregaron su vehículo a tiempo antes de la cuarentena. Por primera vez le tocó verlo y entregarle su comida, sin besarlo ni abrazarlo. Al subirse al carro, me comentó que se puso a llorar. Era alguno único e insólito. No fuimos creados para estar físicamente distanciados, pero por ahora, es nuestro llamado.

Hablaba con un amigo y me decía: “Alex, la ansiedad me está pegando. Estoy comiendo mal y no me siento productivo”. Una niña me decía: “Estoy aburrida. Quiero jugar, pero mi papá está trabajando en la computadora, mi hermanita es muy pequeña, mi mamá cocinando o haciendo algo.” Cada quien a su nivel, está experimentando cierto estrés por estos cambios tan inusuales.

No fuimos creados para estar físicamente distanciados, pero por ahora, es nuestro llamado. Clic para tuitear

Hablaba con otro amigo y me decía: “La familia está bien en casa. Pero yo debo seguir trabajando. He estado saliendo del banco alrededor de las 7:30 p.m. todas noches.” Muchos se quedan con el corazón partido, ya que sus parientes deben salir a trabajar. Aquellos funcionarios y servidores públicos, más allá de los doctores, enfermeras y más, que están manteniendo a nuestras naciones caminando. Dios bendiga a todos ellos, renueve sus fuerzas y los guarde del mal.

Estemos lejos, pero de cerca…
A pesar de estar cuarentena, estando lejos, debemos estar a la vez cerca. Los templos están cerrados, pero la iglesia no. La iglesia de Cristo somos todos nosotros en donde quiera que estamos. Y debemos permanecer conectados a nivel virtual.

En La Fráter, la iglesia en la que sirvo, enviamos información de un App a todos los líderes de células y a los distintos ministerios, para que pudieran reunirse. Fue algo maravilloso el ver a tantas células y ministerios reunirse de manera virtual por medio del App Zoom. Y cada vez son más los que lo están haciendo.

Y no sólo jóvenes se están reuniendo. Gente mayor, ha podido descargar el App y lo están usando. Y siendo edificados y edificando a otros. Es algo maravilloso.

Anoche dirigí una reunión virtual con cinco de los líderes principales de la iglesia junto a sus familias. Colocamos nuestras computadoras en un lugar en el que se vieran nuestras familias. Comenzamos compartiendo cómo nos había ido. Lo bueno y lo malo de estar en casa. No todos hablaron, pero muchos sí, era algo voluntario. Hablaron tanto algunos adultos como niños.

Los templos están cerrados, pero la iglesia no. La iglesia de Cristo somos todos nosotros en donde quiera que estamos. Y debemos permanecer conectados a nivel virtual. Clic para tuitear

Pudimos leer la palabra y recordar que Jesús es nuestra paz, nuestra esperanza de redención y nuestra esperanza eterna. Además, cantamos juntos sobre la fidelidad de nuestros Dios. Y terminamos pidiendo peticiones de oración. Uno de los pequeños, pidió por su tío Luis. Cada quien presentó sus necesidades. Nos animamos mutuamente y fue algo maravilloso el vernos en medio de esta cuarentena y orar juntos.

La iglesia de Cristo, aunque no pueda reunirse en el templo, debe reunirse por las casas y cuando no puede reunirse por las casas, debe hacerlo de manera virtual. Usted es vital para que en su iglesia todos se unan por medio de nuestras células o áreas de servicio en línea para buscar de Dios, animarse unos a otros, leer su palabra y orar juntos por su nación y el mundo entero. Al final de esta publicación le comparto que App puede utilizar.

Estemos lejos, pero de cerca y agregando a otros
A pesar de la distancia, la iglesia de Cristo debe reunirse de manera virtual. Pero esto no termina ahí. Debemos agregar a otros. Comenzando por todos los amigos que usted tiene en su iglesia. Antes no podían asistir a su célula porque vivían lejos. De manera virtual eso ya no importa.

Piense con su célula o su grupo de amigos a quiénes pueden invitar a estas reuniones virtuales. E inviten a todos para que se unan. Ninguno debe estar solo en estos momentos, sino juntos en un mismo sentir apoyarnos en todo sentido. Y que nuestra fragilidad e impotencia en estos momentos difíciles, nos lleve a alzar los ojos al cielo, de donde viene nuestro socorro.

Y que nuestra fragilidad e impotencia en estos momentos difíciles, nos lleve a alzar los ojos al cielo, de donde viene nuestro socorro. Clic para tuitear

Luego de agregar a toda su congregación a estos grupos virtuales, invite a sus amigos no creyentes a unirse y a ser parte de un momento de oración. Créame, haremos la diferencia en la vida de otros y seremos luz. Dios con usted.

“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

¿Qué App utilizar?
Le comparto el mensaje que mandamos a nuestros hermanos en Cristo de La Fráter. Que le sea de mucha utilidad y hagamos viral esta publicación. Bendiciones.

**Estimados miembros de La Fráter: Para seguir conectados virtualmente con nuestras células, Desayunos de Desarrollo Integral y otros, les recomendamos descargar y usar la aplicación Zoom. Es gratis. Pueden conectarse hasta 100 personas. En el celular se ven 4 personas, al deslizar la pantalla a la izquierda aparecen otros cuatro y así sucesivamente.  En la computadora aparecen muchos más en la pantalla. Dura 45 minutos y luego deben reconectarse.

**Los pasos para descargarlo serían:
1. Instalar el app Descárguenlo para iOS en https://bit.ly/2x8HHTp Para Android en https://bit.ly/39YLPE7 Para PC en https://bit.ly/2QlYedq
2. Crear su usuario.
3. Crear reunión e invitar a los asistentes.

**Los pasos para crear una reunión son:

Con este App su célula y todos en su iglesia, puede seguir conectados a pesar de la distancia por medio de reuniones virtuales. Descárguelo para iOS en https://bit.ly/2x8HHTp Para Android en https://bit.ly/39YLPE7 Para PC en… Clic para tuitear

1. Presionar el botón Nueva reunión.
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Que el Señor les bendiga.

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Fije su mirada en Jesús

febrero 24, 2020

El autor de Hebreos en el capítulo 12 escribió: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.”

Fue en agosto de 1995. Iba a viajar de Dallas a Laredo Texas, después de no ver a mis papás durante 8 meses, pues estudiaba en el Instituto Bíblico Christ For The Nations y nos encontraríamos en ese vuelo.

Tan sólo respirar me dolía mientras corría. Había llegado tarde al aeropuerto, cortesía de un amigo que me dio jalón y que era bastante impuntual. No contábamos con un accidente que había causado tráfico. Tuve que correr con una maleta – que no tenía rodos – desde la entrada del aeropuerto, hasta mi puerta de abordaje.

Cuando llegué, estaban a punto de cerrar la puerta del avión. Hasta respirar me dolía del esfuerzo que había hecho. Cuando entré, mis papás pusieron cara de alivio, ni siquiera dio tiempo a que metieran la maleta en el compartimiento inferior del avión. Y yo, contento no sólo de verlos, sino que también les había pedido Pollo Campero – un famoso pollo frito guatemalteco -, el cual cené esa noche.

¿Qué tan fácil habría sido correr hacia la puerta de abordaje sin esa maleta? Muchísimo… Esa carga no sólo me impidió correr como debía, fue un obstáculo para mi velocidad, sino hasta entre tropezones por andar cargando la maleta.

Lamentablemente, así se corre muchas veces la carrera de la fe. Con maletas y lastres de pecado – envidia, enojo, egoísmo, pasiones sexuales, calumnia y tanto más… –.

Nos preguntamos por qué sentimos que ya no podemos más, hasta respirar nos duele y no son sólo las pruebas que la vida nos lanza, son las pruebas en donde por abrazar el pecado nosotros mismos nos metemos. Pecados que se convierten en cargas que no sólo limitan nuestro correr sino que pueden quebrarnos y sacarnos de la carrera.

¿De qué estorbo o pecado debe despojarse? Corra liviano y fije su mirada en Jesús.

Recuerde tanta oposición que sufrió y no se canse, ni pierda el ánimo ante todo lo que usted enfrentará en esta tierra. Ponga sus ojos en Jesús y sólo en Jesús.

Nuestros ojos son incapaces de enfocarse en dos cosas a la vez. Coloque un dedo frente a su nariz y véalo. Ahora todo atrás, estará desenfocado. Ahora al contrario. Vea lo que está detras de su dedo y todo estará enfocado menos su dedo. Enfocarnos en algo, siempre implica desenfocarnos del resto.

Si fija su mirada en Jesús, automáticamente la estará quitando de todo lo demás. Su enfoque en Cristo, es su desenfoque del mundo. Clic para tuitear

Si fija su mirada en Jesús, automáticamente la estará quitando de todo lo demás. Su enfoque en Cristo, es su desenfoque del mundo.

En esta carrera de la vida, sólo Él es nuestra esperanza. Fije sus ojos en Jesús… despójese de sus pecados, desenfóquese del mundo y viva para honrar a Dios. Porque la meta, el cielo, nos espera a los que tenemos fe. Allá no habrá ni muerte, ni tristeza, ni dolor…

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