Llegué a los 35 y no puedo dejar de pensar en las palabras de Ragendra

Ahora que llego a mis 35 años le pregunto:
¿Se siente viejo(a)?
¿Le preocupa llegar a los 15, 20, 40, 60, 80?
¿Teme envejecer?

Déjeme contarle sobre Ragendra. En Agosto de 1,994 – dos semanas antes de cumplir 18 años – comencé mis estudios en Christ For the Nations Institute en Dallas Texas y me gradué en Mayo de 1,996. Durante ese período conocí a una gran cantidad de amigos de todas las partes del mundo – estudiábamos en aquel entonces más de 1,200 alumnos  –. Uno de ellos fue Ragendra, un hindú que vivía en una región tan extraña que ni el nombre recuerdo, pero la imagen de su persona la veo tan clara como hace 17 años.

El día que lo conocí fue en la cafetería del Instituto. Usted llegaba, le servían la comida y luego veía en donde sentarse. Vi a alguien sentado en una mesa que por sus facciones prometía ser latino, pero no, era un hindú, era Ragendra. Conversamos sobre las típicas preguntas que los alumnos internacionales solíamos hacer para conocer a la persona y a su país. Pero de la conversación sólo recuerdo una pregunta y la respuesta a la misma.

Recuerdo que le pregunté ¿Cuántos años tenés? El me respondió: ¿Cuántos me calculás? Le dije, como 23 años. El respondió: entonces tengo 23 años. ¿Cómo así le dije? Y me contó la siguiente historia. En donde yo vivo, no celebramos los cumpleaños y ni siquiera llevamos registro de cuándo nacimos. Y ¿Cómo le hiciste con tu pasaporte? Pregunté. Su respuesta fue: nos inventamos  con mis papás una fecha para el documento de nacimiento ¡Jajaja! No lo podía creer.

Entonces le pregunté ¿Explicáme mejor este asunto? Él me dijo: es muy sencillo. Nosotros no contamos los años, nosotros vivimos la vida. ¡Wow! Nosotros no contamos lo años, nosotros vivimos la vida.

Es triste que muchos vivan tan preocupados por estar por lo que será el mañana y por estar envejeciendo que ya no disfrutan la vida.

Me encanta la actitud y vida de Moisés. A pesar de todo lo que pasó al guiar al pueblo rebelde de Israel por 40 años en el desierto leemos en la Biblia “Moisés tenía ciento veinte años de edad cuando murió. Con todo, no se había debilitado su vista ni había perdido su vigor.” Deuteronomio 34:7 NVI

Como me dijo Ragendra: No cuente los años, viva la vida. Pero vívala bien, vívala en Dios. Porque sus mandamientos son salud al cuerpo del que los guarda. Sus mandamientos no existen para evitarnos vivir, sino para evitarnos sufrir.

Este es mi regalo de cumpleaños para usted. No cuente los años, viva la vida y vívala bien, vívala en Dios.

Otro día le comparto sobre las principales lecciones que he aprendido en estos 35 años de vida.

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Cristianos que avergüenzan con la mediocridad de su trabajo

Cuando aún era soltero encontré la siguiente frase en un libro que jamás olvidé “Hay gente que tiene la mente tan en el cielo, que no sirve para nada en la tierra”.

¿Qué triste que existan tantos cristianos que son luz en la iglesia y oscuridad en el trabajo? Me refiero a aquellos que se llaman cristianos y asisten a una congregación y llaman a Dios su padre pero que son malos trabajadores en su empresa. Aquellos “cristianos” que avergüenzan con la mediocridad de su trabajo.

Si su jefe tiene que repetirle las cosas dos veces, usted es un mal trabajador. Si su jefe tiene que pedirle que tenga iniciativa, usted es un mal trabajador. Si su jefe tiene que pedirle que dé la milla extra, usted es un mal trabajador. Si su jefe tiene que motivarlo para que produzca, usted es un mal trabajador. Si alguien más tiene que hacerse responsable de hacerlo a usted responsable, usted es un mal trabajador.

Si estas palabras le han golpeado su espíritu, siga leyendo porque es tiempo de cambiar. Si tan solo quisiera que algún compañero de trabajo leyera estas palabras, siga leyendo y ayude a sus amigos.

Los cristianos no dividimos nuestra vida en compartimientos. No somos una cosa en la casa, otra en la calle, otra en el gimnasio, otra en la universidad, otra en el estadio, otra en la congregación, otra en la empresa, otra con la familia, otra con los amigos y otra con otro tipo de amigos. Los cristianos somos cristianos porque seguimos a Cristo y lo reflejamos en todas las áreas de nuestra vida en todo tiempo y lugar. Simple y sencillamente si somos cristianos, somos. Y lo demostramos en todo, incluyendo el trabajo. Porque si no lo hacemos, deshonramos el nombre de Dios.

¿Cómo ser luz en la iglesia y luz en el trabajo?
1. Todo lo que haga, hágalo en el nombre del Señor
Sí, usted representa a Dios con su trabajo. Desde que se puso la etiqueta de cristiano encima, usted representa a Dios. Represéntelo dignamente en el trabajo o quítese la etiqueta de cristiano, pero por favor, no se quede en medio. La Biblia nos exhorta a hacer todo en el nombre del Señor para que lo hagamos bien. ¿Quién quiere darle un mal nombre a su papá terrenal? Tampoco lo haga con su papá celestial.

“Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.” Colosenses 3:17 NVI

2. Todo lo que haga, hágalo como para el Señor
He dicho siempre que el mejor programa de Calidad Total es hacerlo todo como para Dios. Usted no trabaja para ningún jefe, usted trabaja para el Jefe. Usted no es buen trabajador porque tiene un buen jefe. Usted puede tener al peor jefe terrenal pero todo lo hará para el Jefe de jefes. Todo lo hará como para el Señor. Es cierto usted sirve a su jefe terrenal, pero no depende de él para hacer bien las cosas, usted las hace bien porque todo lo que hacemos los cristianos lo hacemos como para el Señor y no como para nadie en este mundo. Deje de quejarse de su jefe y empiece a brillar para el Jefe.

“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo” Colosenses 3:23 NVI

3. Todo lo que haga, hágalo de buena gana
Eso es con entusiasmo, dirigiéndose a usted mismo, con todo empeño y contagiando a otros con el mismo espíritu. Hacer las cosas por salir del paso no va con la excelencia de nuestro Creador. El creó todo y lo hizo bien. No haga cosas a medias, para salir del paso. ¿Por qué de buena gana? Porque es para Dios y para nadie más. Él es la máxima motivación para hacer las cosas de buena gana. Y la única motivación que perdura, es la que viene de adentro.

4. Tenga una buena actitud, pero también crezca en su aptitud
Un machete sin filo, aunque tenga al jardinero más musculoso del mundo, jamás será muy productivo. Usted es un machete en las manos de Dios. Dios puede producir en su trabajo a través de usted, dependiendo del filo de su machete.

Es secretaria, crezca en su capacidad como secretaria. Es maestro, no sólo tenga buena actitud, mejore su aptitud. Suscríbase a blogs de educación, sea parte de una asociación, lea libros, afile su machete. Es usted diseñador gráfico, que sus diseños hablen excelencia y cada vez una mayor excelencia. Investigue, lea, asista a cursos, aprenda nuevos programas, no se quede estancado. Es usted vendedor, sea el mejor vendedor que pueda ser. Lea libros, pida consejo, busque un mentor. No importa lo que usted sea, no tenga sólo buena actitud, crezca en su aptitud y déjese usar cada vez más por Dios en su trabajo.

¿Cómo lo describiría su jefe o sus compañeros de trabajo?
¿Lo llorarían si lo despiden o renuncia o le darían gracias a Dios que al fin se fue?
¿Es usted indispensable o alguien fácil de sustituir debido a su mediocridad?

Como la metida linda de mi esposa Aixa me dijo al terminar de leer mi blog (que por cierto no fue que estaba bueno sino que debía agregar algo ¡jajaja! Las queremos mujeres) “Usted es un cristiano que trabaja, no un trabajador que se dice cristiano”.

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El corazón tiene orejas

Esta es una publicación de mi esposa Aixa (se pronuncia Aisha) tomada de su blog Corazón a papel. Ella es una mujer alcanzada por Jesús a los 19 años y una excelente predicadora. Sirve junto a mi mamá Elsy liderando a las mujeres de la congregación y en el área de niños que llamamos Zona de Campeones. Es la madre de mis dos bellos hijos y la amo con todo mi corazón. Edifica mi vida con su vida y lo que escribe. Disfrute esta publicación y suscríbase en su blog para recibir cada publicación en su correo electrónico.

Ok. Está bien. Por las últimas publicaciones pareciera que me la paso en hospitales, funerarias y cementerios. A veces, sí. Pero casi no. Supongo que simplemente así es esta vida y tocan “parches” de eso. Pero también voy a piñatas, a baby showers y conciertos alegrísimos. Sin embargo, por ahora, mi tema tiene que ser es el que es. (Esa línea pudiera ser dicha en una película de Tim Burton…)

Presenciar el proceso de papás que pierden hijos es algo que marca. Me he dado cuenta de que estoy muy alerta con lo que dicen y hacen. Es como si poniendo toda mi atención pudiera ayudar mejor, estar allí en verdad. Y en cada ocasión, he grabado lágrimas, actitudes y palabras. Regreso un poco diferente como hija y otro poco como mamá.

La más reciente adición a mi archivo de palabras y lecciones indelebles, fue la pronunciada por un querido amigo, que enterró a su muchacho, luego de varios años de dolores de cabeza, estómago y sobre todo, corazón… al que muchos etiquetaron de “niño problema” -como si fuera su apellido- …y con paz en su voz, este papá contó al pie del ataúd del único al que llamó hijo, que para el último cumpleaños de éste, juntos al comer, le dijo: “Si pudiera regresar el tiempo y escoger a cualquier otro hijo, volvería a escogerte”…

Suspiro… ¡qué poder encierra ese enunciado!  Yo pensé… no hay hijo sobre la tierra que naciera para morir sin escuchar estas palabras (sin importar hijo de quién y cuánta edad tenga hoy). No existe un par de orejas que no mueran de hambre por oír eso, que no las deseen con toda su alma ótica, para pasarlas al cerebro para que las grabe en bold y las subraye, para luego guardarlas en donde pertenecen: el corazón. Ninguno de nosotros nació para andar sin conocer a dónde pertenece. Nacimos para pertenecer a alguien.

Hoy no fui a un funeral. Creo que presencié un nuevo nacimiento. Tuve frente a mí a una mujer joven y preciosa, sin brillo en los ojos porque no sabía que su apetito de pertenencia era de parte de Dios. Me abrió un poco más sus ojos cuando le dije que no estaba loca por envidiar a los que tienen familia para almorzar los domingos o un papá que les ayude con los trabajos de la U, una mamá para discutir de vez en cuando… toda esa pertenencia es idea de Dios! por eso en nuestra casa los “Te amo” van seguidos de “porque sos mi hijo(a)”. Es que saberse amado independientemente del desempeño, desencadena todo tipo de posibilidades… hasta de equivocarse y seguir. Wow. ¡Qué poder!

Este, va para quienes, por “x” o “y”, nunca han escuchado estas palabras de sus papás: (recomendable leerlo en voz alta)

Tu corazón tiene orejas exclusivamente para este día en el que tu Papá Perfecto te abraza y te dice…

“Te he llamado por tu nombre
y tú me perteneces. …yo te amo;
tú vales mucho para mí.
Para salvarte la vida
y para que fueras mío,
tuve que pagar un alto precio.”

Isaías 43:3-4 NVI

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